El mijo es un cereal sin gluten que pertenece a la familia de las gramíneas. Durante mucho tiempo relegado a mero "alimento para pájaros" en los últimos años, gracias a la propagación de las personas con intolerancias alimentarias y alergias, está de nuevo en boga. Estos pequeños granos tienen muchas propiedades y son perfectos para la prevención de muchas enfermedades. Descubramos juntos cuáles.

Dijimos que el mijo pertenece a la familia de las gramíneas y se encuentra en diferentes formas en el mercado. El más común es el mijo descascarado, pero para que conste también mencionamos el mijo marrón (una variante silvestre), las escamas de mijo, el mijo inflado y luego toda una serie de productos elaborados como las galettes, la harina y la bebida de mijo. Como todos los cereales, el mijo está compuesto en gran medida por hidratos de carbono (73,3%), seguido de proteínas (11%) y, en proporciones cada vez menores, agua, grasas y cenizas. En cuanto a los valores nutricionales, 100 g de mijo proporcionan 360 kCal.

El perfil nutricional es muy variado: sales minerales (magnesio, potasio, hierro, zinc, cobre, sodio, selenio, calcio y manganeso) y vitaminas B, E y K. El alto contenido de fibra hace del mijo una panacea para el sistema digestivo tanto para el tránsito intestinal como para el control de los niveles de colesterol en la sangre. La presencia de magnesio y potasio también ayuda a regular la presión sanguínea, previniendo enfermedades relacionadas con el sistema cardiovascular. El ácido salicílico que contiene estimula la producción de queratina, un aliado del cabello, los dientes y las uñas. Por último, pero no menos importante, el mijo ayuda a eliminar toxinas y, gracias a la presencia de antioxidantes, contrarresta el envejecimiento celular.